En un post del pasado mes de junio os contábamos que las previsiones turísticas eran muy positivas este año en España y lo cierto es que han superado todas las expectativas.
Según Turespaña (dependiente del Ministerio de Industria y Turismo) hasta junio llegaron 50,8 millones de visitantes extranjeros (un 6,3% más respecto al año anterior), datos que permiten pensar que se logrará superar a Estados Unidos como segundo país del mundo en viajeros recibidos (el primero es Francia). En total, se estima que nos visiten cerca de 80 millones de personas (un incremento notable respecto al 2015).
Auge de tráfico aéreo y cruceristas
El impacto del turismo en el país se ve perfectamente reflejado en el tráfico aéreo. Julio, en concreto, fue el mejor mes de la historia (con un aumento del 11% de viajeros). Especialmente llamativo ha sido el verano masivo del aeropuerto de Barcelona—El Prat, que -según datos del Consejo Internacional de Aeropuertos de Europa- fue el de mayor crecimiento en toda Europa (un 12% más que en 2015). A su vez, el auge de los cruceristas en todo el continente también ha permitido mejorar las cifras de pasajeros en los Puertos del Estado, que el año pasado alcanzaron la cifra récord de 8,4 millones de personas y este año podrían incluso mejorarse.
Además de los grandes atractivos del país, los expertos señalan el descenso de turistas en algunos países clave de la unión europea por culpa del terrorismo o el desplome de los precios de los carburantes (lo que incentiva también a viajar a través del coche o la autocaravana) como explicación a este increíble boom turístico que vive España.
Estos datos, sin embargo, también tienen un lado menos positivo que genera grandes debates. Y es que ciudades como Barcelona, Palma de Mallorca, Ibiza o Formentera, viven una saturación de visitantes que ha llevado a ciudadanos y políticos a tomar algunas medidas. El teniente alcalde de la capital balear (Aurora Jhardi), en concreto, ha declarado recientemente que “la ciudad ha llegado al límite» en cuanto a turismo.
Y en Barcelona, donde se ha activado un plan para identificar los apartamentos ilegales de la ciudad, muchos vecinos de barrios desbordados por turistas han salido a la calle a protestar. El reto de gobernantes e instituciones es ahora disfrutar del éxito del turismo, pero aprender a establecer unos límites para la felicidad de todos.
Fuente: El Mundo